Si amigo, sabemos que es complicado el reconocer que te
rompes. Por lo general solemos tardar en darnos cuenta de que nos hacemos
añicos. Y más cuando te consideras una persona autosuficiente y fuerte de
mente, que no necesita contarle sus cosas a nadie, dado que crees que eres
capaz de solucionar solo cualquier altercado que te pase.
Aunque tardes en hacerlo, el primer cambio que ves en ti
mismo es el quiebro por fuera, lo estético e impersonal. Pero lo sumamente
jodido es el quiebro interno, el que remueve las entrañas, que no se produce
rápidamente, ni de un día para otro. La rotura interna es lenta, apenas
perceptible incluso para uno mismo. Se debe a que te pasas todo el día
cuestionando qué es lo que has hecho mal, lo que podías dar más de ti o incluso
lo que deberías de haber cambiado anteriormente para no llegar a según qué
situación. Y estas cuestiones (que no tienen respuesta inmediata y lo sabes) como
te pasas todo el día planteándotelas y no centrándote en las responsabilidades
habituales, te agotan. Te agotan tanto que no te das cuenta hasta bien pasado
un tiempo de la perforación interior que te están cavando en tu ser.
Lo peor es que pasan los meses y sigues igual o peor si
cabe. Te cuesta reír, te cuesta entablar conversación, cuando antes igual no te
callaban ni bajo el agua... Empiezas a no querer relacionarte con tus amigos y
familia, y no por ellos, sino por ti. Dado que no quieres que noten que estás
cambiado, que algo falla en ti. Tampoco quieres estar con ellos por el simple motivo
de que el no querer que te vean mal, conlleva el esfuerzo de fingir que todo va
bien y de poner buena cara cuando lo que realmente te apetece es tener cara de
perro y poder sacar la rabia que llevas dentro. Si, seguro que hay momentos en
los que te irías para el monte a gritar, y oye, puedes probar igual no te va
mal.
Llegará algún día que por obra y gracia decidas verte a o
los ojos frente a un espejo y no vas a ver el brillo habitual ni sueños
reflejados en ellos. Por el contrario, verás unos ojos apagados y tristes;
tanto que ni te reconocerás a ti mismo. Ahí es cuando te darás cuenta de que
tienes que empezar a actuar de alguna forma. Tu pensamiento será que has caído
en un bucle del cual es complicado salir, pero no temas, salirás.
Y sabes que más te digo, que deberías poder tener unos días
para ti. Saca hueco de donde sea y ve en busca de cosas que te llenen el alma.
Puedes ir a un sitio tranquilo tan solo tú y tus pensamientos y saca todo lo
que llevas dentro desde hace mucho tiempo. Sabes que te estás consumiendo, nada
te hace feliz. No estás motivado. Tienes mil ideas en la cabeza y no llevas a
cabo ninguna porque aparte de que no estas centrado tampoco hay nada ni nadie
que te motive a perseguir tus sueños o metas. Pero sabes qué, no tiene que
haber alguien ahí para apoyarte. Deberías saber que tú mismo te vales. Muy en
el fondo sabes lo que vales. Estás hundido en la “mierda” pero vas a salir.
Eres fuerte y sobre todo valiente. No temas volver a salir del caparazón,
volver a ser tú en una versión mejorada. Versión en la que vas a saber lo que
realmente vales y no conformarte con menos de lo que tu ofrezcas. Versión en la
que llorarás, pero sin la negrura de ahora y en la que sobre todo volverás a sonreír.
La transición no va a ser fácil, pero lo vas a lograr.
Y termino citándote una gran frase que todos nos deberíamos
de aplicar que citó el gran Nelson Mandela: “Soy el amo de mi destino, soy el
capitán de mi alma”.